Historia

A falta de futbol xeneise, comenzaremos a repasar todos los campeonatos conseguidos por la entidad de la Ribera.
La primera entrega es el primer campeonato de futbol profesional en la Argentina, conseguido como todos sabemos por el Club Atletico Boca Juniors


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ESPECIAL: Leyenda del Cañoncito

Un hombre venerado, añejado en gloria y ya en las vecindades de su propio centenario, vive con hidalguía la parafernalia desatada porque Martín Palermo le ha empardado su récord como goleador de Boca. Igual, el orgullo por esa hazaña, nadie la ha disfrutado setenta años como el caso de Francisco Varallo.
Pancho era el prototipo del atacante central con munición pesada en sus pies. Un Cañoncito, como lo grafica su sobrenombre, en tiempos de terminología guerrera para goleadores de ese tipo. Como el Mortero de Rufino (Bernabé Ferreyra) o en ficción, el Cañonero de Giles, personaje del film protagonizado por Luis Sandrini.
¿Cómo jugaba? Datos objetivos: 180 goles para Boca en torneos oficiales, desde el primer partido del profesionalismo, en 1931 hasta su retiro, a fines de 1939 (problema de meniscos), a los 29 años de edad; campeón en 1931, en 1934 y en 1935; goleador máximo en dos campeonatos; de Boca, varias veces. Y pateador de penales (acertó 18 de los 22), entre otras evidencias. Porque convirtió en otros torneos, y ya de Gimnasia venía goleador (1927/30).
Por testimonio de quienes lo vieron jugar, e interpretación del contexto histórico, Pancho acababa lo que tejían los cuatro que iban a sus costados. Para eso, además de su pegada, se perfilaba, insinuaba la cortada con su pique, era encarador. No lo frenaban así no más. La metía como viniera, con pimienta y puntería.
La pegó del todo cuando fue de 9-9, porque al principio lo ponían de 8 ó 7. Alguna vez comentó el acierto de su movida: “Fue Roberto Cherro, gran amigo y consejero, quien me dijo que jugara en el área, que me olvidara de buscar la pelota abajo”. Entonces, su yeite fue que jugaran para él. Había arrancado como 8 ofensivo, entre Tarascone y Vargas, con Cherro de 10 armador y Alberino de 11. También 7. Hasta que ya de 9, funcionó “la cortada a Varallo”.Eran tiempos de dos zagueros centrales, con dos halves que atendían los costados, donde se asociaban las alas 10-11 y 7-8. Los del fondo cubrían desbordes por los laterales y el 5 retrocedía.

Se vivía una transición de ese sistema, el Método, a la WM, con una distribución más equilibrada. Varallo fue el 9 de un trío central. A su derecha, Benítez Cáceres, virtual doble punta de área. Del otro lado, Cherro, el conductor. Desde las rayas llegaban centros. Y Pancho la metía seguido.
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